Reflexion
Cada mañana nos despertamos con anuncios de nuevas medidas. ¿Cuál es el impacto real de estas en la vida del cubano promedio? Para ser honestos muchos continuaremos viviendo como si nada hubiese ocurrido, por algún tiempo. No espero milagros de mi Revolución, estoy conciente de que a medida que se refuerce la productividad y eficiencia de la gestión económica, pésima hoy en la mayoría de las esferas, los hoteles y los países vecinos dejarán de ser utopías. Los "críticos" de la revolución no hacen más que arreguindarse de este argumento, la verdad es que se están quedando sin estos, y tienen terror. ¿Qué inventarán ahora para justificar su filiación reaccionaria? Serán desenmascarados, que aprovechen y se perdan de una vez para Miami. Vayan allá a corroerse el hígado de angustias y nostalgias, porque la Revolución no se detiene y cuenta con el respaldo de la mayoría de los cubanos. Claro, eso solo va para aquellos indignos, aquel que no reniegue de su patria, podrá volver siempre. Cada quien es libre de escoger si vive en Cuba, a lo que no tiene derecho es a mentir y difamar de un gobierno cual no hay otro hoy en el mundo. Sigan hablando, nosotros hacemos. Nosotros avanzamos, ustedes papagallean; sus gritos y pataleos desesperados son evidencia de la agonía en que mueren.
Mensaje a un héroe

Hola. Estuve ojeando tu alegato. Me ha remordido la conciencia ignorar tu historia tanto tiempo. Tú también ignoras la mía, sin embargo te sacrificaste por ella. Me gusta Twain, pero la tentación de meterme a Rambo e ir a sacarte es fuerte. El mundo tiene mucho que mejorar, te aseguro, que al menos yo, me empeñaré en que lo haga. Gracias por sostener nuestra fe, no tengo más que decir, sí mucho por hacer.
Redacted

Patria o Muerte
La Coubre
Lunes
Hoy me invade el orgullo de ser cubano, de vivir este tiempo de arrasadoras tempestades. Me invade el orgullo de no haber doblado las rodillas al facilismo. Me invade el agradecimiento a aquellos que han propiciado las condiciones en las que he crecido. Esta isla, donde realidades y utopías se enfrentan más rudamente que en cualquier otro lugar del ¿moribundo? planeta Tierra, es mi Patria. Hemos ido más allá, nos enseñaron que Patria es humanidad. Los retos son hoy inmensos, creo que luchar por alcanzarlos nos consuela de nuestras parciales-palpables derrotas. Ser concientes tiene un alto precio, pero vale la pena. Soldados del Futuro, nuestro ejército es el Futuro.
La paja en tu ojo, hermano -.
¡¿Castro se va?!
Las primeras referencias que de él tengo me llegan por los "cuentos" de primaria. No hablo de los "Había una vez", sino de en los que invariablemente se presentaban Pepito, Clinton, el presidente de China, el de Rusia y de ser necesario el de Japón. En unos Fidel era un pícaro que siempre se las arreglaba para, usando la cabeza, salirse con la suya; en otros, de evidente -hoy- facturación reaccionaria se le achacaban, por comunista, todo tipo de barbaridades. A pesar de mi temprana filiación izquierdista, confieso, me reía de todos.
No pocas veces me venció el sueño esperando terminase (dudábamos de la racionalidad de tal posibilidad) alguno de sus discursos para ver la novela. "Llegó a la Guerra de los Diez Años"- bromeaban los más atrevidos. Nací en el ochenta y siete, solo alcancé al postre de la espléndida cena que ha sido Fidel. Se me hizo viejo en un abrir y cerrar de ojos. Desde el cincuenta y nueve hasta acá siempre tuvo la misma edad. Algunos no contemplamos la posibilidad de su ausencia hasta su reciente convalecenia. En Cuba, más seguro que la salida del sol en las mañanas es la presencia del "Fifo". Hubo hasta un "lemita": "Con Fidel Revolución". Era como decir " mientras haya esperanzas y recuerdos, /¡habrá poesía! ".
Lo he visto, personalmente una sola vez. En una marcha en el malecón habanero. Pasaba frente a nosotros para incorporarse al bloque que cerraba. La gente dejaba su puesto y se desviaba dándole vivas. Al pasar ante la Tribuna Antimperialista lucimos apagados, estábamos aturdidos. Tuve la impresión de que se veía más robusto que en televisón, y más blanco también. Luego cada cinco segundos nos volteábamos buscando su verde silueta en el bloque que nos precedía, sí, así mismo: su verde silueta.
Votos de la lealtad y de la inquietud.
Ni en un país como Cuba, que ha conferido derechos vitales y de participación al ser humano en actos más que en palabrería virtual, puede desconocerse que la democracia, el gobierno de todos, no es una realidad per se. A despecho de quienes suponen siempre todo expedito y resuelto, esa democracia se construye a diario con no pocos forcejeos y contradicciones. No se alcanza automáticamente y por decreto, por el mero hecho de que existan para ello mecanismos y estructuras. A estos puentes, vasos comunicantes y poleas transmisoras hay que revisarlos y darles vida en toda su plenitud, so pena de que se oxiden ante el ojo popular, que siempre te ve.
Lo digo, porque en mi fuero de elector cubano, tengo la convicción de que nuestra sociedad, teniendo un sistema de gobierno sumamente popular y apartado de intereses y ambiciones, desde la nominación libre en el barrio del candidato a delegado, hasta la del diputado a nuestro Parlamento, no potencia en todas sus posibilidades eso que llamamos el Poder Popular, o poder del pueblo. Al final, algo tan soberano y limpio de intereses hegemónicos o de facción, podría ser más efectivo y fértil en su gestión cotidiana, si no estuviera plagado en muchos casos de mediatizaciones burocráticas, distorsiones verticalistas, desatenciones y alejamientos del terreno en cuanto a lo que representa cumplir con el mandato de los ciudadanos, que es el mandato de la nación.
Mi experiencia en la columna Acuse de Recibo durante diez años, revela que muchos dirigentes y funcionarios sobresalen por su disciplina para cumplir orientaciones de arriba, pero no tienen la misma devoción para sopesar que ellos, por mandato popular, se deben a la gente que sostiene este país, a sus conflictos e inquietudes. Y a esa gente deben rendirle cuenta todos los días con respeto sagrado, consecuencia y transparencia.
Pensé en ello cuando recientemente se constituyeron las nuevas asambleas municipales y provinciales. Y lo siento ahora, a pocos días de que se conforme nuestra Asamblea Nacional del Poder Popular, el Parlamento de todas las decisiones y discusiones. Todos los que en esas instancias asumen un curul, lo hacen gracias al voto de Juan, de Pedro, María y el mismísimo atravesado e inconforme del barrio. Por ellos dieron su anuencia el recto y dogmático, el laborioso, el cumplidor y disciplinado, el obstinado de tantos problemas, el liberal, el vago y desordenado, la bretera, el marginal, el negociante. No es aséptico ese voto, que al final muestra una complicada e intuitiva fe en el propio sistema, por encima de los entresijos de cada quien. Incluso, la abrumadora mayoría cumplió con la exhortación del voto unido, sacrificando opciones o criterios particulares.
Las nuevas estructuras de Gobierno que se constituyen desde el municipio hasta la nación, en momentos muy decisivos para el país, nunca como hoy pueden estar ajenas a que ellas existen por el voto popular. Cada delegado a las asambleas municipales o provinciales, cada diputado, y los funcionarios que ellos aprueban hasta el mismísimo Consejo de Estado, deben asumir cada día pensando que ellos están únicamente sustentados en el voto de esa mayoría que enfrenta, sufre y resiste las complejidades y desafíos cotidianos de la Cuba actual, profunda y difícil.
De esos delegados y diputados, no bastan hoy el mérito, el prestigio y la hoja de servicios, si no están enfilados hacia la representatividad social, al rol de portavoces y activos depositarios de las inquietudes populares. Nunca como hoy deberían estar proscritos, en esos escenarios de la democracia, el bostezo y la complacencia, el triunfalismo, la formalidad con manos levantadas, la unanimidad sin discusión. De ellos se espera la exigencia para que los máximos funcionarios en cada instancia rindan cuentas verdaderamente.
Son millones de votos los que esperan. Votos de la lealtad y de la inquietud.
Tomado de JR




