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¡¿Castro se va?!

 Las primeras referencias que de él tengo me llegan por los "cuentos" de primaria. No hablo de los "Había una vez", sino de en los que invariablemente se presentaban Pepito, Clinton, el presidente de China, el de Rusia y de ser necesario el de Japón. En unos Fidel era un pícaro que siempre se las arreglaba para, usando la cabeza, salirse con la suya; en otros, de evidente -hoy- facturación reaccionaria se le achacaban, por comunista, todo tipo de barbaridades. A pesar de mi temprana filiación izquierdista, confieso, me reía de todos.

No pocas veces me venció el sueño esperando terminase (dudábamos de la racionalidad de tal posibilidad) alguno de sus discursos para ver la novela. "Llegó a la Guerra de los Diez Años"- bromeaban los más atrevidos. Nací en el ochenta y siete, solo alcancé al postre de la espléndida cena que ha sido Fidel. Se me hizo viejo en un abrir y cerrar de ojos. Desde el cincuenta y nueve hasta acá siempre tuvo la misma edad. Algunos no contemplamos la posibilidad de su ausencia hasta su reciente convalecenia. En Cuba, más seguro que la salida del sol en las mañanas es la presencia del "Fifo". Hubo hasta un "lemita": "Con Fidel Revolución". Era como decir " mientras haya esperanzas y recuerdos, /¡habrá poesía! ".

Lo he visto, personalmente una sola vez. En una marcha en el malecón habanero. Pasaba frente a nosotros para incorporarse al bloque que cerraba. La gente dejaba su puesto y se desviaba dándole vivas. Al pasar ante la Tribuna Antimperialista lucimos apagados, estábamos aturdidos. Tuve la impresión de que se veía más robusto que en televisón, y más blanco también. Luego cada cinco segundos nos volteábamos buscando su verde silueta en el bloque que nos precedía, sí, así mismo: su verde silueta.

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