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Noche de antorchas

Ayer en la noche he participado en la Marcha de las Antorchas, en su 55 edición. La he pasado estupendamente. Tuve oportunidad de corroborar que debido a las nuevas orientaciones de la educación universitaria, en nuestro país, el prototipo de estudiante de este nivel está sufriendo serias modificaciones. La masificación es una idea genial, que salvará, me siento entusiasmado a creer, a miles de la estupidez. Mientras llega ese momento habemos unos cuantos enfrascados aún en el proceso. Por supuesto que coreamos muchos vivas y quizás más abajo, pero no fue esa la razón por la que la pasé tan bien. Pude contemplar a una juventud joven. Creerás que te tomo el pelo, pero no es así. No sé que antannos prejuicios nos advierten que la juventud es poco profunda, desarraigada e irreflexiva, ayer, anoche, he podido presenciar la convivencia de la más sana y espontánea alegría juvenil con los más bellos ideales que ha parido este pueblo. No debo omitir que ella marchó a mi lado. Tuve que trotar alrededor de un kilo para encontrar la caravana de regreso, y me acosté cerca de las tres del alba, tan exhausto como satisfecho. Antes de dormirme no logré aclarar de donde provenía tan insitente olor a petróleo. Nada, anoche, fue noche de antorchas.

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