Carta a Carlos Otero
Dear Charly:
he estado tan ocupado últimamente que he tenido que postergar esta cita con mi conciencia. Nunca fuiste un paradigma para mí, quiero decir que no son estas las palabras de un histérico decepcionado porque hayas "brincado el charco". Nunca te ví de ese modo. Como cubano medianamente informado conocía que pasabas años fuera del territorio nacional; he ahí la cuestión más preocupante, y ante cuya posible respuesta, confieso, vacilaba; quizás también resida ahí el motivo de mi pereza con este asunto. Generalmente, quien se va del país lo hace por motivos económicos, pero tú, (asumo que lo del plato de frijoles y la Mesa Redonda fue también como dijiste en la Cosa Nostra sobre tu salida del closet: "pincha", porque ¡no jodas caballo!, eso no te lo crees ni tú mismo) alegaste además que lo hacías por el futuro de tu hijos. Tu instinto paternal me conmovió en lo más profundo. "Luego de la salida de Fidel el clima de inestabilidad en la isla es notable", quieres proteger a tus hijos del posible efecto negativo de "bruscos" cambios sociales. Te entiendo, cuando esto se caiga, quedarás del lado de los vencedores. Yo que vivo en una burbuja, me alarmé inmediatamente: -Carlos es un tipo inteligente y ha visto inestabilidad, un comunicador social, y yo soy casi un hermitaño-.-¿Estoy ciego acaso? Y sí, lo estaba. Esta carta no tiene otro objetivo que el de darte las gracias por iluminarme con tu sapiencia. En Cuba hay un gran clima de inestabilidad, en Cuba ha comenzado ya una nueva Revolución, pero no una para esperarte con fuegos artificiales sino una que te hará arrepentirte por los años de haber olvidado aquellas palabras de Martí: El verdadero hombre no ve de que lado se vive mejor sino de que lado está el deber. Estoy muy lejos de ser un triunfalista, yo como tú he visto nuestras debilidades, he montado en camellos, (creo que esa experiencia no la compartimos en realidad ) he visto como decaen las voces en la tribuna, pero estoy convencido de la justeza de mi causa, me han enseñado que un hombre sin principios es nada y mi suerte está echada. Mientras sea capaz de estar a la altura del reto no importa que tan incierto se dibuje el futuro, mi conciencia estará limpia. Me sumo a la lista de necios. Soy un joven común y corriente, un ser humano, Carlos, con las mismas tentaciones y muchas preguntas por responder, con muchas respuestas poco convincentes. También he pensado en dejarlo todo, en volverme un cero, pero alguien me ha dicho: No te salves; te has salvado, entonces, has hecho bien, porque te advertí que en tal caso, no te quedaras conmigo.
he estado tan ocupado últimamente que he tenido que postergar esta cita con mi conciencia. Nunca fuiste un paradigma para mí, quiero decir que no son estas las palabras de un histérico decepcionado porque hayas "brincado el charco". Nunca te ví de ese modo. Como cubano medianamente informado conocía que pasabas años fuera del territorio nacional; he ahí la cuestión más preocupante, y ante cuya posible respuesta, confieso, vacilaba; quizás también resida ahí el motivo de mi pereza con este asunto. Generalmente, quien se va del país lo hace por motivos económicos, pero tú, (asumo que lo del plato de frijoles y la Mesa Redonda fue también como dijiste en la Cosa Nostra sobre tu salida del closet: "pincha", porque ¡no jodas caballo!, eso no te lo crees ni tú mismo) alegaste además que lo hacías por el futuro de tu hijos. Tu instinto paternal me conmovió en lo más profundo. "Luego de la salida de Fidel el clima de inestabilidad en la isla es notable", quieres proteger a tus hijos del posible efecto negativo de "bruscos" cambios sociales. Te entiendo, cuando esto se caiga, quedarás del lado de los vencedores. Yo que vivo en una burbuja, me alarmé inmediatamente: -Carlos es un tipo inteligente y ha visto inestabilidad, un comunicador social, y yo soy casi un hermitaño-.-¿Estoy ciego acaso? Y sí, lo estaba. Esta carta no tiene otro objetivo que el de darte las gracias por iluminarme con tu sapiencia. En Cuba hay un gran clima de inestabilidad, en Cuba ha comenzado ya una nueva Revolución, pero no una para esperarte con fuegos artificiales sino una que te hará arrepentirte por los años de haber olvidado aquellas palabras de Martí: El verdadero hombre no ve de que lado se vive mejor sino de que lado está el deber. Estoy muy lejos de ser un triunfalista, yo como tú he visto nuestras debilidades, he montado en camellos, (creo que esa experiencia no la compartimos en realidad ) he visto como decaen las voces en la tribuna, pero estoy convencido de la justeza de mi causa, me han enseñado que un hombre sin principios es nada y mi suerte está echada. Mientras sea capaz de estar a la altura del reto no importa que tan incierto se dibuje el futuro, mi conciencia estará limpia. Me sumo a la lista de necios. Soy un joven común y corriente, un ser humano, Carlos, con las mismas tentaciones y muchas preguntas por responder, con muchas respuestas poco convincentes. También he pensado en dejarlo todo, en volverme un cero, pero alguien me ha dicho: No te salves; te has salvado, entonces, has hecho bien, porque te advertí que en tal caso, no te quedaras conmigo.
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